Si hay algo que he lamentado profundamente este año es no haber continuado con mis clases de francés en la universidad, una pena pues pisé varias ciudades en las que me hubiese servido de mucho si bien no hablar (que eso jamás lo hubiese conseguido) si al menos poder leer con mayor facilidad. Tuve la fortuna de pisar la región de Midy Pirinees y pues como poco podía interactuar me dediqué como nunca a la contemplación algo que no es difícil en esta región especialmente si lo que mueve es el interés gastronómico. Una tarde caminando por Villefranche de Rouergue una ciudad, nada menos, de la Edad media, me enconctré con esta maravilla expuesta en un escaparate, el Gâteau à la broche una preparación muy propia de las boda y consiste en dejar caer en un torno de madera en forma de abeto una masa líquida dulce, el molde se coloca muy cerca del fuego y se gira para que se vaya cociendo. El aspecto creo, habla por si sólo, por fortuna en algunos lugares a pie de calle se encuentra y se puede pedir un trozo, por favor, no dejeis de probarlo porque es una de las vías más sencillas para pensar de que Dios a veces se coloca de nuestro lado.
Aquí su forma original una vez que se termina de dar vueltas y la pasta de solidifca.
Y como pueden ver los franceses están muy orgullosos de esta preparación ya hasta lo colocan en sus postales con la remota esperanza de que alguien lo replique.


