Lablabi, sabor de Túnez

No se conoce la gastronomía de Túnez si no se apuesta por una comida basada en Lablabi o la sopa estrella de los mediodías de los obreros de ese país. Cada uno llega al sitio y de pie coje su bowl y su pedazo de pan, lo corta con las manos en pequeños trozos y lo inclina al cocinero para que lo bañe en el caldo que extrae de una sopa enorme, luego, empieza un festín que incluye garbanzos, atún, alcaparras, comino, sal, aceite de oliva, un huevo a medio hacer y harissa, la pasta picante que coloca este plato en otra dimensión gustativa. Luego el cocinero con maestría lo mezcla todo con dos cucharas y listo, a degustar.

Por fortuna paseando por La Marsa conseguimos el local del que noches antes unos amabilísimo tunecinos nos habían dicho que era “muy popular”, el Saf Saf (me encanta cómo suena el nombre) y hasta entonces no habíamos detallado la dinámica con lo cual lo de cortar el pan con nuestros propios dedos nos tomó por sorpresa, además que cabe decir que ni árabe ni francés lo nuestro fue pura mímica y pues nos divirtió entender finalmente lo que nuestro cocinero nos quería decir cuando nos mostraba el pan, luego tan amable, me hizo una seña para que feliz pudiera hacer un video, que les invito a ver para entender mejor esta especie de ritual gastronómico.
En Túnez me sentí muy intimidada por el tema de las fotografías pues primero en la mayoría de los lugares era evidente que era una mujer no musulmana porque no llevaba el cabello descubierto y porque andaba paseando de la mano de mi esposo en zonas donde en muchas ocasiones ni siquiera había mujeres así que creí que era suficientemente “provocador” nuestra presencia como para encima sacar la cámara y enfocar. Además con los pocos turistas que pasean por esos lares, después de la primavera árabe, preferimos en la medida de lo posible tratar de pasar desapercibidos, así que poder tomarle fotos a la Lablabi y el Saf Saf fue todo un acontecimiento.

¡Y nuestra Lablabi merecía un close up!

Gracias al buen tiempo nos pudimos instalar en su patio para degustar esta sopa que no sólo es gustosa sino contundente. Antes unos encurtidos muy ricos.

Con una ración estuvimos más que servidos, contundente y deliciosa, además, luego nos divertimos con la “mascota” de la casa, nada menos que un camello que sirve de motor de un molino, luego un café y seguir disfrutando de la cercanía del mar y especialmente de esa calma que se respira en este país que parece estar a la espera de su “redescubrimiento”.

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El Saf Saf está justo detrás de la mezquita y también se puede pasar a degustar un te o disfrutar de una pipa de agua.

Los precios del Saf Saf son bastante amables, esta comida puede salir por menos de 3 euros, así que sea para degustar un Lablabi o cualquier otra exquisitez, el Saf Saf bien vale una visita.

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Gâteau à la broche, dulce señor…

Si hay algo que he lamentado profundamente este año es no haber continuado con mis clases de francés en la universidad, una pena pues pisé varias ciudades en las que me hubiese servido de mucho si bien no hablar (que eso jamás lo hubiese conseguido)  si al menos poder leer con mayor facilidad. Tuve la fortuna de pisar la región de Midy Pirinees y pues como poco podía interactuar me dediqué como nunca a la contemplación algo que no es difícil en esta región especialmente si lo que mueve es el interés gastronómico. Una tarde caminando por Villefranche de Rouergue una ciudad, nada menos, de la Edad media, me enconctré con esta maravilla expuesta en un escaparate, el Gâteau à la broche una preparación muy propia de las boda y consiste en dejar caer en un torno de madera en forma de abeto una masa líquida dulce, el molde se coloca muy cerca del fuego y se gira para que se vaya cociendo. El aspecto creo, habla por si sólo, por fortuna en algunos lugares a pie de calle se encuentra y se puede pedir un trozo, por favor, no dejeis de probarlo porque es una de las vías más sencillas para pensar de que Dios a veces se coloca de nuestro lado.

Gâteau à la broche

Aquí su forma original una vez que se termina de dar vueltas y la pasta de solidifca.

Gâteau à la broche

Y como pueden ver los franceses están muy orgullosos de esta preparación ya hasta lo colocan en sus postales con la remota esperanza de que alguien lo replique.

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La lamprea ¿Quién se atreve?

Si bien me puedo jactar de haberme atrevido a probar algunas platos “exóticos” hay uno que se me ha resistido siempre, se trata de la Lamprea, una especie de culebra marina algo así como una anguila pero que -aquí viene mi prurito- se suele servir en su propia sangre. La Lamprea viene de aguas gallegas por lo que cuando he estado en esas tierras, específicamente en mis habituales paseos por el Mercado de Abastos me quedo viéndola y tratando de entender su misteriosa permanencia en la gastronomía pues hay quienes dicen que era el plato preferido del Carlo V, incluso me gusta preguntarle a los propios gallegos si la han comido y en mi defensa debo decir que algunas señoras con cara de asco me han dicho, que no, que no se han atrevido. Pero es que con este aspecto…

Lamprea

Lo cierto es que no deja de llamarme la atención, todos los años me pica el gusanillo de probarla pues sólo se puede comer entre enero a abril y para recordármelo los chicos de Acción y Comunicación me han enviado una nota de prensa en la que me cuentan que en los restaurantes Combarro en Reina Mercedes, 12 y Sanxenxo en José Ortega y Gasset, 40 se puede comer por unos 55 euros. Si bien he visto cómo la limpian y pues su piel gelatinosa resulta una esponja de tierra que se debe remover, algo debe tener para que sea considerada un manjar y la verdad sea dicha ¿cuantos alimentos ubicados en esa misma categoría tienen mala cara? Ni hablar de lo que me han dicho mis sobrinos justo cuando me apuesto a disfrutar de unas ostras frescas. La última: “Tía eso parece moco” mmm la niñez tan sabia y tan honesta…

La lamprea necesita vivir hasta 5 años para llegar a los 20 centímetros mínimos que debe medir para que pueda se consumida, dicen que es uno de los pocos alimentos que se mantienen desde el jurásico, así que si alguien se atreve o si me animo a hacerlo este año no duden que elaboraré una respectiva nota de cata y que espero que vaya más allá del típico “sabe a pollo”. Aquí una foto de su preparación a “La Bordelesa” con toda la sangre, ajo, cebolla, vino y acompañado con arroz y pan. Me llama muchísimo la atención, ojalá pueda superar la sugestión y dejarme llevar por el sabor de este enigmático género. Continuará…

Lamprea a la Bordelesa

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Las Garrafas en Málaga: parada obligada.

Hay tabernas con el tiempo detenido, justamente esas son las que busco con más ahínco. Los sitios nuevos me gustan si, pero nada como saber que se entra en un templo gastronómico que se ha ganado el respeto del tiempo. Esa fascinación fue la que sentí al entrar a Las Garrafas en la calle Méndez Nuñez de Málaga, la misma que me hizo repetir todas las noches que estuve por allí. Además si hay alguna receta del sur de España que me he traído a mi mesa y hasta he llevado a mi natal Venezuela son las berenjenas fritas bañadas en melaza,  una fritura perfecta con una especie de “sirope” que yo llamo “papelón” y que en países como Colombia llaman “panela”.

Esas berenjenas tan simples y tan ricas las sirven con magestuosidad en este reducto del centro histórico de esta ciudad que si quieren comer rico en un entorno curioso no deben dejar de visitarlo. También probé los calamares nadando en aceite, en su cazuelita típica y con la guindilla haciéndose sentir. ¡Qué ganas de un paseo gastronómico por el Sur! Por su gastronomía y por ese flamenquito permanente de sound track, volveré, volveremos.

Berenjenas fritas en La Garrafas (Málaga)

Calamares…

Calamares fritos en Las Garrafas (Málaga)

No olvidar echarle un ojo a la decoración del local, estas lámparas, sin desperdicio…

Decoración de Las Garrafas (Málaga)

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Lo Gueno en Málaga, sin decepciones…

La última vez que estuve en Málaga fue una de las pocas “escapadas románticas” que me permití en un año lleno de viajes de trabajo, de compromisos con los amigos y -por fortuna- de blogtrips. Como nunca ocurre en Málaga no paró de llover durante los tres días que estuvimos por allí, una oportunidad maravillosa para saltar de bar en bar y pasarnos buena parte del día comiendo, tapeando y haciendo una de las cosas que menos se practica cuando se vive en pareja, hablar frente a frente. Uno de los sitios donde nos sentamos un largo rato y que no dudo en recomendar es el rincón Lo Gueno cuyas raciones le hacen honor a su nombre. Nosotros pedimos migas, pescadito frito y flamenquín, poco no porque no quisieramos más sino porque nos tocaba brincar a otro bar que nos habían recomendado, aquí les dejo una muestra de lo que comimos y si van a Málaga ya saben que este es uno que no falla.

Vermouth y fino en Lo Gueno (Málaga)

Migas…

Migas en Lo Gueno (Málaga)

Chanquetes riquísimos con la textura perfecta y siempre, se hacen pocos.

Chanquetes en Lo Gueno

Flamenquín, para los que buscan una tapa un poco más contundente…

Flamenquín con ensalada en Lo Gueno

Ambientillo de este bar, que les aseguro no decepciona. Volveré, volveremos.

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Castella do Paulo, rincón japonés en Lisboa

Lo que pensé que era imposible ocurrió, pasar por Lisboa sin comer Pasteis de Belem. Fue un viaje fugaz y con pocas fuerzas por parte de mis compañeras de recorrido para hacer algunas paradas que yo hasta entonces conisderaba obligadas, es que nada como instalarse a degustar esa tartaleta etérea llena de crema de huevos que muy bien que se guarden tan secretamente la receta pues desvelarla le restaría parte de su encanto a Lisboa, una ciudad tan cerca y tan lejos de Madrid.

Desde que conocí a Fabio del blog Lisboando no hago más que imaginarme una ruta meramente gastronómica por esta ciudad (aunque se me hará difícil renunciar a echarme en la arena de Cascais) y especiamente fantaseo con una tarde tomarme un té junto a un Pão-de-ló o el bizcocho “de ida y vuelta”, el mismo que llevaron los portugueses a Japón a su llegada en el siglo XVI, una delicia dedicada sólo para paladares privilegiados en vista de lo costoso que resultaba el azúcar, la harina y los huevos para ese entonces en el país del sol naciente.

Confieso que en Japón siempre encontraba uno de estos bizcochos (o parecidos) y que los devoré siempre que podía en su versión con matcha (la harina de té verde). Si bien es cierto que algunos dulces japoneses me gustan debo decir que nada como la pastelería occidental (especialmente la europea) interpretada por los japoneses. Esta vez no pude entrar a Castella do Paulo este templo lisboense prueba del viaje que emprenden algunos platos, pero prometo volver a convertirme en espectadora de este espectáculo (también sirven cocina casera japonesa) y seguro que el Pão-de-ló seguro que aguanta más un viaje a Madrid que los Pasteis de Belem que si no son recién hechos calienticos pues pierden su encanto.

Pao de lo

Castella do Paulo es el nombre del establecimiento y queda en la Rua da Alfândega 120, una calle con la que es muy fácil toparse si se camina un poco por el centro de esta ciudad.

Las especialidades…

Comida casera japonesa en Lisboa, un capítulo especial para mi investigación sobre el mundo Nikkei, imperdible este rincón, por eso y muchas cosas más a Lisboa volveré, volveremos.

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Aceite de girasol en el país del aceite de oliva

Yo confieso que de vez en cuando voy a McDonal’s, tengo dos sobrinos de 4 y 6 años a los que de vez en cuando suelo “premiar” con una de estas visitas y si de algo me he percatado que se trata del único restaurante de los que he visitado que les habla directamente a los niños, con lo cual ya no me siento tan mal de pasarme por aquí, de hecho, me encanta detenerme en sus estrategias de marketing y cómo no, a veces he fantaseado con la idea de copiarlas. Su poder de comunicación es tan abismal que en el país, primer productor de aceite de oliva, se atreven a colocar como reclamo en la caja de sus patatas fritas que usan 100 por ciento aceite de girasol. Me parece muy curioso y a ratos un tanto lamentable ¿de dónde traerán ese aceite de girasol? ¿por qué les parece tan importante recalcarlo? ¿cuantas empresas pudieran dar un salto cualitativo si estas etiqueta pudiese ser cambiada? Yo que lo único que me atrevo a comer en este lugar son las patatas fritas, estaré atenta y prometo que les mantendré informados.

 

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Happy pills para el mal de amores

Happy Pills

Happy Pills de Barcelona

Caminando por una calle del centro de Barcelona me encontré con este remedio para el Mal de Amores, se trata de una tienda que vende chuches en empaques similares al de los medicamentos, la idea muy divertida y el local como buen emporio del azúcar estaba a reventar. Personalmente lamento que se incentive tanto el consumo de azúcar de colorines, esta tienda al menos tiene un enfoque más “adulto” y pues la verdad sea dicha de todas las cosas a las que apelamos para cuando nos han destrozado el corazón, estas particulares pastillas, deben ser de las más inocuas…

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Dulce intimidad…

Macarrons en la intimidad (visto en Toulousse)

A veces me pregunto a qué se debe el lanzamiento al estrellato de dos grandes caprichos dulces: los macarrons y los cup cakes ¿será que la pastelería necesitaba un comodín pret a porter? ¿será que el mundo pide colores a gritos? Lo cierto es que estos pequeños dulces se han instalado en la cotidianidad y hasta se estampan en prendas íntimas, este boxer lo encontré caminando por Toulousse, por supuesto me resultó muy divertido, además, me confirmó la tedencia de la moda a reconocer la fascinación por la imagen gastronómica. Este seguro, es sólo el comienzo…

 

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¿La mejor manera de combatir los insectos? ¡Comiéndolos!

Pizza con insectos

Pizza con insectos de Alejandro Ruíz

“Los insectos son una plaga, la mejor manera de combatirlos es comérselos” así se expresó sobre esta tendencia gastronómica el cocinero mexicano Alejandro Ruíz en San Sebastián Gastronómica. Fuera de México, algunos países de Asia o la selva amazónica, comer insectos resulta cuando menos repugnante por lo que esta inusual pizza sirvió para volver a la siempre divertida discusión sobre si estos bichos se convertirán en nuestra salvación en el futuro y especialmente, sobre si de tanta vuelta de tuercas que le damos a las novedades algún día sea posible que se pongan de moda.  Yo he comido algunos en México precisamente y gustan porque saben a fritura pero poco más, al menos a mi se me complica extraerle algún “potencial gastronómico”. No obstante, una pizza así resulta muy rompedora en un congreso de alta gastronomía. Una pena que la ponencia de este cocinero oaxaqueño se haya centrado en estos bichos, el efectismo es lo que tiene, el mismo que me ha hecho extraer esta foto de mi galería…

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